
La historia
1495: la huida del castillo y la carrera hacia el lago.
Es 1495. Italia está asolada por guerras, alianzas y rivalidades entre familias poderosas.
Perugia también atraviesa tiempos turbulentos. Dos familias llevan mucho tiempo disputándose el poder sobre la ciudad y sus alrededores: los Baglioni y los Oddi.
Tras años de conflicto, traición y venganzas, el equilibrio de poder se ha inclinado a favor de los Baglioni.
Los Oddi, derrotados y exiliados, aún resisten en los territorios que rodean el lago Trasimeno. Uno de sus últimos refugios es el castillo de Passignano, encaramado sobre el lago, protegido por murallas y torres.
Pero la seguridad es efímera.
La milicia Baglioni avanza hacia la ciudad. El asedio es rápido e implacable: el castillo está rodeado y quienes permanecen dentro pronto se dan cuenta de que la resistencia es imposible. Quedarse significaría caer en manos del enemigo.
Deben escapar. Y deben hacerlo rápido.
Bajo la presión del asedio, surgió una idea desesperada pero brillante: llegar al lago y escapar por agua.
En una escena frenética y dramática, la gente huyó por la otra puerta, la que da a Cortona, con tal furia y miedo que la forzaron. Tomaron las barcas de los pescadores y las cargaron sobre sus hombros.
Corriendo, llevaban las barcas como una enorme carga, pero necesaria para su seguridad.
La carrera era frenética.
Cualquier momento podía ser el último antes de que sus perseguidores los alcanzaran.
Finalmente, llegaron a la orilla del lago Trasimeno.
Arrojaron las barcas al agua, la gente saltó a bordo, pero muchos encontraron la muerte, en las aguas del lago o bajo la espada de las milicias Baglioni, Della Corgna y Della Penna.
Aquella huida desesperada, relatada en el siglo XVI por el cronista perugino Francesco Matarazzo en su "Cronaca della città di Perugia" (Crónica de la ciudad de Perugia) y en el siglo siguiente por el historiador perugino Pompeo Pellini en su obra "Della Historia di Perugia", se ha convertido en uno de los relatos más fascinantes de la memoria local a lo largo de los siglos.
Y es precisamente ese episodio, la carrera con las barcas al hombro y la huida al agua, el que se revive cada año en el Palio delle Barche (Palio de las Barcas).
El Palio delle Barche hoy
Cada verano, el último domingo de julio, Passignano sul Trasimeno se transforma. Las calles se llenan de color, las banderas de los barrios ondean en las callejuelas y el ambiente se impregna de emoción. El pueblo, a orillas del lago Trasimeno, vive uno de los momentos más intensos del año: el Palio delle Barche (Regata de Barcas).
Los protagonistas de la competición son los cuatro barrios del pueblo: Centro Storico, Centro Due, Oliveto y San Donato.
La carrera comienza en el lago Trasimeno, entre el reflejo del agua y los vítores del público. Las tripulaciones reman con todas sus fuerzas hasta el muelle. Pero es allí donde la competición sorprende a los espectadores: los porteadores cargan las barcas sobre sus hombros y emprenden una emocionante carrera por las callejuelas del centro histórico. El recorrido es exigente y evocador, con subidas, escalones y curvas cerradas que ponen a prueba la resistencia y la determinación. De vuelta en el muelle, las barcas zarpan hacia el tramo final del lago, donde, entre aplausos y expectación, se decide el distrito ganador.
El Palio delle Barche es mucho más que una carrera: es un festival que transforma Passignano en un inmenso teatro al aire libre durante una semana.
Los barrios abren sus tabernas, donde se pueden saborear los auténticos sabores del lago Trasimeno y la tradición umbra, mientras que espectáculos, música y recreaciones históricas con vestuario de época animan las calles del pueblo.